Julia de Burgos: Una conciencia en “lacerante tensión con el mundo que la rodea”

Julia de Burgos: Una conciencia en “lacerante tensión con el mundo que la rodea”

       

        Dijo Octavio Paz que “Cada poema es único. En cada obra late, con mayor o menor grado, toda la poesía. Cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: Ya lo llevaba dentro.”  

        Llevar la existencia a cuestas, mientras se intenta encontrarle el sentido a ésta, es quehacer natural de todo ser pensante; es un recorrido a lo largo del tiempo en el que el hombre y la mujer interpretan, reinterpretan, inventan y reinventan los significados de su propio ser en relación con el mundo que los rodea. Así como el “lector busca algo en el poema”, el Ser Humano transita por el mundo intentando encontrar algo que le dé dirección y sentido a su vida. La poesía es muchas veces el canal más propicio para ese manifiesto inquietante de la existencia.  El propósito principal de este trabajo es analizar parte de la poesía de Julia de Burgos a la luz de los conceptos del Humanismo existencialista.

        Uno de los planteamientos de esta filosofía parte de la idea de que el mundo es absurdo e injustificable: Lo tenemos ahí, pero podría no estar porque nada lo explica; es contingente, pero sin embargo, existe. Enfatiza esta filosofía que el ser humano está arrojado en el mundo sin haberlo elegido, en un tiempo dado y en un lugar dado, dentro de unas circunstancias. La conciencia entra entonces en una “lacerante tensión” con el mundo que la rodea con el que se encuentra necesariamente en relación, pero con el cual no se siente jamás en armonía completa. Sobre la conciencia cae el peso de una libertad “absoluta” que debe crear los significados de las cosas, de las situaciones particulares y del mundo en general. Ella establece nuevas aspiraciones, nuevos propósitos y nuevas posibilidades más allá de lo que está hecho. Por lo tanto, lo que caracteriza a la realidad humana, según el Humanismo existencialista no es una “esencia preconstituida“, sino el existir, con un continuo preguntarse sobre sí misma y sobre el mundo, “con su libertad de elegir y elegirse”.

        Carmen M. Rivera Villegas, en su ensayo Julia de Burgos aquí y allá: su poética en Puerto Rico y en Estados Unidos, refiere: “La  producción poética de Julia, catalogada como vanguardista,  siempre ha merecido el elogio de los críticos que han observado la fuerza conmovedora y el profundo sentido existencialista que se desprenden de sus versos.”

¿Qué elementos en la poesía de Julia de Burgos reflejan ese sentido existencialista? ¿De qué modo sus palabras, ideas y metáforas evidencian la idea de que la existencia del ser humano y el ser libre es lo que define su esencia en lugar de ser su esencia humana la que determina su existencia?  Algunos de los títulos de sus poemas,sugieren o incitan a pensar sin duda alguna en una poética de lucha existencialista. Cabe destacar uno de sus grandes poemas: Yo misma fui mi ruta de su poemario Poema en veinte surcos.   

                “Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:

                Un intento de vida;

                un juego al escondite con mi ser.

                Pero yo estaba hecha de presentes,

                ya mis pies planos sobre la tierra promisora

                no resistían caminar hacia atrás,

                y seguían adelante, adelante,

                burlando las cenizas para alcanzar el beso

                de los senderos nuevos. (75)

        Estos versos manifiestan una afirmación categórica en torno a la libertad de elegir y crear su esencia. Se evidencia además la lucha entre lo que impone la sociedad y la cultura y la voluntad de optar por caminos distintos, según el criterio de la conciencia.  Esta afirmación y lucha recuerda a su vez otros de sus grandes poemas: A Julia de Burgos, en el que una voz poética, en pleno dominio de su libertad enfrenta en un “duelo a muerte” a la Julia convencional, a la Julia formada por la sociedad, y le reclama, al mismo tiempo que niega esa máscara con la que intenta disfrazarse, pudiendo optar por otras formas de vida más libres:

                “Mienten Julia de Burgos. Mienten, Julia de Burgos.

                La que se alza en mis versos no es tu voz: es mi voz;

                porque tú eres ropaje y la esencia soy yo;

                y el más profundo abismo se tiende entre las dos” (61)

Es indudable que esa voz o conciencia es una fuerza predominante en las decisiones sobre las realidades que la forman, que la redefinen hacia otros proyectos, otras aspiraciones que se ajustan más a sus aspiraciones como mujer y ser humano.

          En Canción amarga se palpa un intento por encontrarle sentido a las circunstancias del momento. No sería ilógico interpretar que el título del poema representa a la existencia. En el primer verso se registra un estado anímico en el que se enfrentan dos elementos característicos del existencialismo: la nada y el ser: Nada turba mi ser, pero estoy triste. La “nada” pregonado ante el “ser”, cara a cara, creando un estado de insuficiencia, de vacío, de letargo. Y continúa tensionando con otros conceptos que reiteran la idea de inutilidad, del sin sentido, del vacío: Debe ser la caricia de lo inútil/ la tristeza sin fin de ser poeta, de cantar y cantar sin que se rompa/ la tragedia sin par de la existencia ¿Qué es ese cantar, cantar? ¿No se refiere acaso a su decisión de ser poeta, como medio evasivo para poder enfrentar la vida? Un canto que no basta porque no logra romper esa “tragedia de la existencia”, pero le ayuda a asumirla con libertad.
        El poema Dos mundos sobre el mundo visualiza una realidad negada en constante reinvención: un constante devenir incierto del Ser con el que no se vive en armonía. La conciencia por otro lado manifiesta las limitaciones impuestas por las circunstancias: Sobre una realidad vacía de crepúsculos/mi vida en alas frágiles va cabalgando ritmos. La libertad absoluta del individuo es puesta en entredicho. Existe una libertad, pero limitada: tiene alas, pero su fragilidad no le permite volar, se ve obligada a cabalgar. Más adelante, la conciencia se enfrenta al problema fundamental del Ser: ¿quién soy?, Soy yerba fresca y útil. ¿No representan estos versos una reafirmación de juventud? Le queda todo por vivir y eso se traduce en que tiene mucho más que dar, que buscar, que ofrecer. Entonces es necesario reinventarse, trazar nuevas rutas, nuevos horizontes, nuevos planes y proyectos. Se destaca en cierto modo un concepto socioeconómico: el ser útil en la vida, en la sociedad, en el mundo. Sin embargo, inmediatamente refiere a un tú sin nombre: tú no tienes nombre ni rastro de abismos. ¿A quién se dirige entonces la voz poética? ¿No será a su propia realidad, a sus circunstancias particulares? ¿No implica entonces que esa realidad carece de fundamentos, de definiciones, de sentido? No le ve nada concreto, nada de dónde asirse.  Luego refiere en sus versos Sabe nuevas raíces en un soplo de tallos/tu suelo de emociones soleadas en ti mismo.  Se puede desprender que ese suelo de emociones pertenece a una realidad emotiva, afectada por circunstancias con las que no se siente satisfecha, no obstante reconoce que son situaciones que están bajo su control y lo atribuye a una conciencia fuerte: No vengo del naufragio que es ronda de débiles:/mi conciencia robusta nada en luz de infinito.  Es una afirmación de corte puramente existencialista. A la conciencia no le falta luz que le ayude a visualizar claramente todas las posibilidades. Mientras viva, ella será como una guía sin límite. Los versos finales, (¡Dos mundos sobre el mundo proclamándose volando/su realidad de fuerza en un empuje íntimo!) ¿no podrían acaso interpretarse esos dos mundos como la conciencia vs. la realidad, sobre el otro mundo, la existencia individual?

        De forma más contundente, el poema Vaciedad, reitera ese sin sentido de la existencia, que busca su forma, su razón de ser a nivel conciente: Estoy en blanco/sobre el impulso que me anda la vida. / Como si en mí callara toda voz de existencia,/me echo a andarme yo misma/sin preguntar apenas qué ala de mariposa triste/recogerá mis pasos. La tristeza de estos versos denota la impotencia del ser ante lo absurdo de la vida pregonado por el Humanismo existencialista, sin siquiera tener la seguridad de qué circunstancias habrá más allá del camino.

        Muchos otros poemas de Julia de Burgos destacan los temas comunes a todos los existencialistas: el énfasis puesto en la existencia individual concreta y en la subjetividad, la libertad individual y los conflictos de la elección: Me he dejado llegar allí donde el polvo/tiene color de nada/    al instante sin tiempo donde muere mi sombra./Allí donde mi sueño sólo él mismo se oye. Su poesía reafirma su responsabilidad individual sobre su vida, independientemente del camino por el que la lleve. A nadie más que a ella misma responde. Ni el destino, proclamado por otras corrientes de pensamiento, es culpable de todo lo que le acontece: Ella decide ser quien es. Ella es su propia ruta. Ella es su propia enemiga. Ella es la que se lleva por la vida.  Muchos de sus versos sostienen directa o indirectamente el papel que juega la conciencia en la existencia humana: el vuelo reflexivo donde he trepado […] mi mente.

        Finalmente, el poema Ronda sobremarina por la montaña manifiesta sin lugar a dudas la tensión con el mundo que la rodea, en donde se demuestra claramente un diálogo de esa conciencia que cuestiona, que anula para volver a construir los significados, dentro de una vida que hay que vivirla sin más remedio.

                “––Almamarina…almamarina…

                Eso me dijo el viento cuando le di la mano

                en la montaña.

                ––Si yo me llamo…no sé como me llamo.

                ¿No ves allá mi nombre colgando de los pétalos,

                pronunciando en los frescos “buenos días”del arroyo,

                o abriéndose en el vuelo de alguna golondrina?

                ––Almamarina…

                Eso me dijo el viento ruborizándose en mis ojos,

                nervioso,

                enamorándome.

                ––Pero si soy de la montaña…

                ––Almamarina…

                ––Pero si ya le di mi corazón al río…

                ––Almamarina…

                Y me tomó en los brazos,

                anegando de océanos mi nombre.

                ––Almamarina…

                ––¿Por qué has parado el orbe?

                ––Almamarina…

                –– ¿Por qué has retado al risco, salvaje?

                ––Almamarina…

                –– ¿Por qué pintas mi nombre de azul?

                –– ¡Déjame verde!

                Y me rasgó, la risa de los bosques.

                ––Almamarina…

                Hubo luego, en silencio, como un desplazamiento

                de una niña de agua en la sed de los valles.

                La voz sobremarina se irguió sobre los cerros,

                y partió para siempre con la niña en el talle.”(117)

¿No es esa voz primera la voz de la conciencia? ¿No son esas respuestas acaso la construcción o la deconstrucción de su mundo enfrentado a ella misma? ¿No es acaso ese diálogo una lucha entre una realidad existente y una realidad latente que la llama, en la que se da claramente esa angustia de elección existencialista? ¿No se trata acaso de una dualidad: realidad y conciencia en proyección sobre lo que está dado, hecho, creando nuevos proyectos, nuevas posibilidades? ¿No es esa exclamación ¡Déjame verde! el conflicto de “elegir y elegirse”? Otros versos reflejan de forma categórica estas constantes elecciones: Todo el mundo en mi rostro, y yo arrastrada y sola, matándome yo misma la última ilusión/Casi voy por la vida como gruta de escombros/Voy a hacer un rompeolas con mi alegría pequeña/Con tu sendero vivo en mi flor íntima, he movido lo estático.

        La obra de Julia refleja a una mujer en constante lucha entre su ser individual y sus circunstancias, pero al mismo tiempo, a una mujer que se forja, se construye, se reinventa y se autoproclama responsable de sus actos. Su poesía ha demostrado poseer una universalidad de la que se puede extraer infinidad de posibilidades interpretativas. Analizada a la luz del Humanismo existencialista, podemos afirmar que en su obra se presentan reiteradamente los temas comunes a esta filosofía: el énfasis en la existencia individual, en la subjetividad, la libertad individual y los conflictos de elección. No obstante, no se limita a ellos. Su obra representa además otras preocupaciones sociales que han sido estudiadas por varios críticos de literatura.

        No obstante, cabe destacar que dentro del pesimismo existencial que se extraen de muchos de sus versos, existe también un mensaje de esperanza, representado tal vez en el tema fundamental para los existencialistas: la libertad de elegir.


 

Trabajos citados o consultados

De Burgos, Julia. Yo misma fui  mi ruta. Edición María M. Solá. Huracán. 1986.

De Burgos, Julia. Poema en veinte surcos. Huracán. Río Piedras, P.R. 1997.

De Burgos, Julia. Canción de la verdad Sencilla. Huracán. Río Piedras, P.R. 1982.

Otero-Krauthammer. Transgresión y creatividad en la poesía de Julia de Burgos, Poeta independentista. Conferencia Homenaje al Día Internacional de la Mujer. 2002.

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Puledda, Salvatore. "Interpretaciones del humanismo." 27mar2006. Meditaciones. 01mayo2006.<http://idd00qaa.eresmas.net/ortega/>.

Rivera, Carmen M. Julia de Burgos aquí y allá: su poética en Puerto Rico y en Estados Unidos. Revista Interamericana. Universidad Interamericana de Puerto Rico. Volumen 30. Versión electrónica: <http://www.sg.inter.edu/revista-ciscla/volume30/rivera.html#rivera>. San Germán.