Sidel Zeissig de Guatemala

Lo que escondes…      

 

Nadie sabe, Sidel, lo que escondes

No es difícil que alguien huya
a traspasarte…

No es tan fácil al igual
ver tu reflejo...

¿No te has visto, acaso
cuando andas?

¿No has notado
la nostalgia de tus dedos?

O esa angustia de mirar por las ventanas
y el suspiro que te hincha
ingrato el pecho.

Todos siguen la silueta que te augura
y sonríen porque ríes tú con ellos

Mas no saben, que en el fondo nace trueno,
que desvía y enloquece sin remedio.

Nadie sabe, Sidel, no te engañes…

Nunca han visto que los árboles se quiebran
ni la lluvia que te esconde en la madera.

Ni han sentido que te mueres poco a poco
y que naces otras tantas sin quererlo.


Y tú, que sientes anchas las murallas y los techos,
que nunca sales del camino enrojecido


Te derramas y no sabes donde hallarte…

Te desnudas y te adueñas de algún cuerpo…

Y quedan grandes las ideas que te formas,
si de un paso botas todo y vuelves luego.



Nadie sabe, ¡que tristeza! Nadie sabe…

Pero tu cuerpo es largo y tú lo sientes como nunca…



Y las heridas que no sanan ni se esconden,
se intercalan con la sangre que te brota

...de la vida que se aferra a lo que venga.

(...)

Calla, calla… niña, calla... no te escondas

Alguien sabe, o lo supo algunas veces…

Mas…

¿De que sirve ahora?... si es de noche...

… y estás sola.


 

 

Aquellos días…

 
Aquel día dejé atrás
la calle adormecida,
el polvo añejo del anden
y las ventanas.

Las amigas
con zapatos de madera,
los caminos que arrastraban

cerro abajo.

Dejé el secreto
de los árboles de brujo,
el duende verde
que cuidaba algún tesoro.

El llanto claro
de la víbora amarrilla,
su aroma oscuro
entre las viñas y los frutos.

Aquel día dejé atrás

alguna tumba,
el recuerdo de un amigo
casi padre.

Y muchas tardes con el suelo
como abrigo,
o el vacío del que siente
abandonado.

Dejé una rata con su cola

larga y ágil,
que en los techos
hizo cuna a sus mestizos.

Que cambió mi mano
y mi cariño por ser libre,
o quizá, tan solo, fue el amor
que la condujo a ser distante.

Allá, a los lejos
cuando vuelvo la mirada,
aún siento el humo del comal
y las fogatas…

La leña erguida
que prepara alguna madre,
con la savia y las heridas

de su raza.

Veo a mi perro
desde antes compañero,
y su manía de brincar
sobre los sapos.

Y esa mirada que era brillo
de mis ojos,
cuando al dolor mi corazón
no razonaba.

Allá, a lo lejos
aún me roza en el recuerdo,
el cuerpo niño
que sufría, tras la culpa,

de los hombres que ultrajaban
sin ser hombres.

El sabor de aquella madre
siempre herida,
los hermanos con sus juegos
para “grandes”...

O el sonido de los brazos
de mi padre,
que se hacían tan distantes
y extranjeros.

Ahora, después de pasar
la lucha con sus años,
aún guardo mis respiros
a esa tierra.

Guardo un grito

hecho de barro y agua dulce,

del calor de aquella gente

tan humana.

Y me pregunto cuando vuelvo
la mirada,
con la rabia que se encaja
en mis pupilas:

¿Por qué tengo que dejar
lo que más amo?

¿Por qué tengo que ir dejando
atrás la vida?


 


 

Uno debiera tener

siempre una ventana…

Una ventana ingenua
que pintara largos sueños.

Con una tiza de inocencia que cubriera
las sonrisas que se rompen de los gestos.

O tal vez…

Tener tan sólo una cortina (verde/alga)
que al abrirse en la colina
nos trajera,
lo que el nido nos esconde
entre la rama.

Yo tejería esa ventana, si pudiera…

O quizá, la usara
como adorno en la pestaña
para abrirla cada vez que algo me duela,
o cada noche si divago
en la nostalgia.

O en los brazos que traslucen
si recuerda,
que un amigo en la distancia
nunca falta.

Tal vez, así…

Me haría menos aire,
menos ave,
y más humana,
en la imagen que bosqueja sin quererlo
mi delirio y mi cordura
por ser agua.


Pero habría de tener muy ancho el beso
y el abdomen con mil rostros de tristeza

O quizá, el pelo negro, el ojo tuerto…

U otras manos, de otros dedos, y más caras…


Para ser en los reflejos que adormezco,
lo que soy, más lo que adentro
...no me alcanza.


 

 



Julia de Burgos: Una conciencia en “lacerante tensión con el mundo que la rodea”

Julia de Burgos: Una conciencia en “lacerante tensión con el mundo que la rodea”

       

        Dijo Octavio Paz que “Cada poema es único. En cada obra late, con mayor o menor grado, toda la poesía. Cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: Ya lo llevaba dentro.”  

        Llevar la existencia a cuestas, mientras se intenta encontrarle el sentido a ésta, es quehacer natural de todo ser pensante; es un recorrido a lo largo del tiempo en el que el hombre y la mujer interpretan, reinterpretan, inventan y reinventan los significados de su propio ser en relación con el mundo que los rodea. Así como el “lector busca algo en el poema”, el Ser Humano transita por el mundo intentando encontrar algo que le dé dirección y sentido a su vida. La poesía es muchas veces el canal más propicio para ese manifiesto inquietante de la existencia.  El propósito principal de este trabajo es analizar parte de la poesía de Julia de Burgos a la luz de los conceptos del Humanismo existencialista.

        Uno de los planteamientos de esta filosofía parte de la idea de que el mundo es absurdo e injustificable: Lo tenemos ahí, pero podría no estar porque nada lo explica; es contingente, pero sin embargo, existe. Enfatiza esta filosofía que el ser humano está arrojado en el mundo sin haberlo elegido, en un tiempo dado y en un lugar dado, dentro de unas circunstancias. La conciencia entra entonces en una “lacerante tensión” con el mundo que la rodea con el que se encuentra necesariamente en relación, pero con el cual no se siente jamás en armonía completa. Sobre la conciencia cae el peso de una libertad “absoluta” que debe crear los significados de las cosas, de las situaciones particulares y del mundo en general. Ella establece nuevas aspiraciones, nuevos propósitos y nuevas posibilidades más allá de lo que está hecho. Por lo tanto, lo que caracteriza a la realidad humana, según el Humanismo existencialista no es una “esencia preconstituida“, sino el existir, con un continuo preguntarse sobre sí misma y sobre el mundo, “con su libertad de elegir y elegirse”.

        Carmen M. Rivera Villegas, en su ensayo Julia de Burgos aquí y allá: su poética en Puerto Rico y en Estados Unidos, refiere: “La  producción poética de Julia, catalogada como vanguardista,  siempre ha merecido el elogio de los críticos que han observado la fuerza conmovedora y el profundo sentido existencialista que se desprenden de sus versos.”

¿Qué elementos en la poesía de Julia de Burgos reflejan ese sentido existencialista? ¿De qué modo sus palabras, ideas y metáforas evidencian la idea de que la existencia del ser humano y el ser libre es lo que define su esencia en lugar de ser su esencia humana la que determina su existencia?  Algunos de los títulos de sus poemas,sugieren o incitan a pensar sin duda alguna en una poética de lucha existencialista. Cabe destacar uno de sus grandes poemas: Yo misma fui mi ruta de su poemario Poema en veinte surcos.   

                “Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:

                Un intento de vida;

                un juego al escondite con mi ser.

                Pero yo estaba hecha de presentes,

                ya mis pies planos sobre la tierra promisora

                no resistían caminar hacia atrás,

                y seguían adelante, adelante,

                burlando las cenizas para alcanzar el beso

                de los senderos nuevos. (75)

        Estos versos manifiestan una afirmación categórica en torno a la libertad de elegir y crear su esencia. Se evidencia además la lucha entre lo que impone la sociedad y la cultura y la voluntad de optar por caminos distintos, según el criterio de la conciencia.  Esta afirmación y lucha recuerda a su vez otros de sus grandes poemas: A Julia de Burgos, en el que una voz poética, en pleno dominio de su libertad enfrenta en un “duelo a muerte” a la Julia convencional, a la Julia formada por la sociedad, y le reclama, al mismo tiempo que niega esa máscara con la que intenta disfrazarse, pudiendo optar por otras formas de vida más libres:

                “Mienten Julia de Burgos. Mienten, Julia de Burgos.

                La que se alza en mis versos no es tu voz: es mi voz;

                porque tú eres ropaje y la esencia soy yo;

                y el más profundo abismo se tiende entre las dos” (61)

Es indudable que esa voz o conciencia es una fuerza predominante en las decisiones sobre las realidades que la forman, que la redefinen hacia otros proyectos, otras aspiraciones que se ajustan más a sus aspiraciones como mujer y ser humano.

          En Canción amarga se palpa un intento por encontrarle sentido a las circunstancias del momento. No sería ilógico interpretar que el título del poema representa a la existencia. En el primer verso se registra un estado anímico en el que se enfrentan dos elementos característicos del existencialismo: la nada y el ser: Nada turba mi ser, pero estoy triste. La “nada” pregonado ante el “ser”, cara a cara, creando un estado de insuficiencia, de vacío, de letargo. Y continúa tensionando con otros conceptos que reiteran la idea de inutilidad, del sin sentido, del vacío: Debe ser la caricia de lo inútil/ la tristeza sin fin de ser poeta, de cantar y cantar sin que se rompa/ la tragedia sin par de la existencia ¿Qué es ese cantar, cantar? ¿No se refiere acaso a su decisión de ser poeta, como medio evasivo para poder enfrentar la vida? Un canto que no basta porque no logra romper esa “tragedia de la existencia”, pero le ayuda a asumirla con libertad.
        El poema Dos mundos sobre el mundo visualiza una realidad negada en constante reinvención: un constante devenir incierto del Ser con el que no se vive en armonía. La conciencia por otro lado manifiesta las limitaciones impuestas por las circunstancias: Sobre una realidad vacía de crepúsculos/mi vida en alas frágiles va cabalgando ritmos. La libertad absoluta del individuo es puesta en entredicho. Existe una libertad, pero limitada: tiene alas, pero su fragilidad no le permite volar, se ve obligada a cabalgar. Más adelante, la conciencia se enfrenta al problema fundamental del Ser: ¿quién soy?, Soy yerba fresca y útil. ¿No representan estos versos una reafirmación de juventud? Le queda todo por vivir y eso se traduce en que tiene mucho más que dar, que buscar, que ofrecer. Entonces es necesario reinventarse, trazar nuevas rutas, nuevos horizontes, nuevos planes y proyectos. Se destaca en cierto modo un concepto socioeconómico: el ser útil en la vida, en la sociedad, en el mundo. Sin embargo, inmediatamente refiere a un tú sin nombre: tú no tienes nombre ni rastro de abismos. ¿A quién se dirige entonces la voz poética? ¿No será a su propia realidad, a sus circunstancias particulares? ¿No implica entonces que esa realidad carece de fundamentos, de definiciones, de sentido? No le ve nada concreto, nada de dónde asirse.  Luego refiere en sus versos Sabe nuevas raíces en un soplo de tallos/tu suelo de emociones soleadas en ti mismo.  Se puede desprender que ese suelo de emociones pertenece a una realidad emotiva, afectada por circunstancias con las que no se siente satisfecha, no obstante reconoce que son situaciones que están bajo su control y lo atribuye a una conciencia fuerte: No vengo del naufragio que es ronda de débiles:/mi conciencia robusta nada en luz de infinito.  Es una afirmación de corte puramente existencialista. A la conciencia no le falta luz que le ayude a visualizar claramente todas las posibilidades. Mientras viva, ella será como una guía sin límite. Los versos finales, (¡Dos mundos sobre el mundo proclamándose volando/su realidad de fuerza en un empuje íntimo!) ¿no podrían acaso interpretarse esos dos mundos como la conciencia vs. la realidad, sobre el otro mundo, la existencia individual?

        De forma más contundente, el poema Vaciedad, reitera ese sin sentido de la existencia, que busca su forma, su razón de ser a nivel conciente: Estoy en blanco/sobre el impulso que me anda la vida. / Como si en mí callara toda voz de existencia,/me echo a andarme yo misma/sin preguntar apenas qué ala de mariposa triste/recogerá mis pasos. La tristeza de estos versos denota la impotencia del ser ante lo absurdo de la vida pregonado por el Humanismo existencialista, sin siquiera tener la seguridad de qué circunstancias habrá más allá del camino.

        Muchos otros poemas de Julia de Burgos destacan los temas comunes a todos los existencialistas: el énfasis puesto en la existencia individual concreta y en la subjetividad, la libertad individual y los conflictos de la elección: Me he dejado llegar allí donde el polvo/tiene color de nada/    al instante sin tiempo donde muere mi sombra./Allí donde mi sueño sólo él mismo se oye. Su poesía reafirma su responsabilidad individual sobre su vida, independientemente del camino por el que la lleve. A nadie más que a ella misma responde. Ni el destino, proclamado por otras corrientes de pensamiento, es culpable de todo lo que le acontece: Ella decide ser quien es. Ella es su propia ruta. Ella es su propia enemiga. Ella es la que se lleva por la vida.  Muchos de sus versos sostienen directa o indirectamente el papel que juega la conciencia en la existencia humana: el vuelo reflexivo donde he trepado […] mi mente.

        Finalmente, el poema Ronda sobremarina por la montaña manifiesta sin lugar a dudas la tensión con el mundo que la rodea, en donde se demuestra claramente un diálogo de esa conciencia que cuestiona, que anula para volver a construir los significados, dentro de una vida que hay que vivirla sin más remedio.

                “––Almamarina…almamarina…

                Eso me dijo el viento cuando le di la mano

                en la montaña.

                ––Si yo me llamo…no sé como me llamo.

                ¿No ves allá mi nombre colgando de los pétalos,

                pronunciando en los frescos “buenos días”del arroyo,

                o abriéndose en el vuelo de alguna golondrina?

                ––Almamarina…

                Eso me dijo el viento ruborizándose en mis ojos,

                nervioso,

                enamorándome.

                ––Pero si soy de la montaña…

                ––Almamarina…

                ––Pero si ya le di mi corazón al río…

                ––Almamarina…

                Y me tomó en los brazos,

                anegando de océanos mi nombre.

                ––Almamarina…

                ––¿Por qué has parado el orbe?

                ––Almamarina…

                –– ¿Por qué has retado al risco, salvaje?

                ––Almamarina…

                –– ¿Por qué pintas mi nombre de azul?

                –– ¡Déjame verde!

                Y me rasgó, la risa de los bosques.

                ––Almamarina…

                Hubo luego, en silencio, como un desplazamiento

                de una niña de agua en la sed de los valles.

                La voz sobremarina se irguió sobre los cerros,

                y partió para siempre con la niña en el talle.”(117)

¿No es esa voz primera la voz de la conciencia? ¿No son esas respuestas acaso la construcción o la deconstrucción de su mundo enfrentado a ella misma? ¿No es acaso ese diálogo una lucha entre una realidad existente y una realidad latente que la llama, en la que se da claramente esa angustia de elección existencialista? ¿No se trata acaso de una dualidad: realidad y conciencia en proyección sobre lo que está dado, hecho, creando nuevos proyectos, nuevas posibilidades? ¿No es esa exclamación ¡Déjame verde! el conflicto de “elegir y elegirse”? Otros versos reflejan de forma categórica estas constantes elecciones: Todo el mundo en mi rostro, y yo arrastrada y sola, matándome yo misma la última ilusión/Casi voy por la vida como gruta de escombros/Voy a hacer un rompeolas con mi alegría pequeña/Con tu sendero vivo en mi flor íntima, he movido lo estático.

        La obra de Julia refleja a una mujer en constante lucha entre su ser individual y sus circunstancias, pero al mismo tiempo, a una mujer que se forja, se construye, se reinventa y se autoproclama responsable de sus actos. Su poesía ha demostrado poseer una universalidad de la que se puede extraer infinidad de posibilidades interpretativas. Analizada a la luz del Humanismo existencialista, podemos afirmar que en su obra se presentan reiteradamente los temas comunes a esta filosofía: el énfasis en la existencia individual, en la subjetividad, la libertad individual y los conflictos de elección. No obstante, no se limita a ellos. Su obra representa además otras preocupaciones sociales que han sido estudiadas por varios críticos de literatura.

        No obstante, cabe destacar que dentro del pesimismo existencial que se extraen de muchos de sus versos, existe también un mensaje de esperanza, representado tal vez en el tema fundamental para los existencialistas: la libertad de elegir.


 

Trabajos citados o consultados

De Burgos, Julia. Yo misma fui  mi ruta. Edición María M. Solá. Huracán. 1986.

De Burgos, Julia. Poema en veinte surcos. Huracán. Río Piedras, P.R. 1997.

De Burgos, Julia. Canción de la verdad Sencilla. Huracán. Río Piedras, P.R. 1982.

Otero-Krauthammer. Transgresión y creatividad en la poesía de Julia de Burgos, Poeta independentista. Conferencia Homenaje al Día Internacional de la Mujer. 2002.

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Puledda, Salvatore. "Interpretaciones del humanismo." 27mar2006. Meditaciones. 01mayo2006.<http://idd00qaa.eresmas.net/ortega/>.

Rivera, Carmen M. Julia de Burgos aquí y allá: su poética en Puerto Rico y en Estados Unidos. Revista Interamericana. Universidad Interamericana de Puerto Rico. Volumen 30. Versión electrónica: <http://www.sg.inter.edu/revista-ciscla/volume30/rivera.html#rivera>. San Germán.

 

 

 

Enrique Caballero Arias, de Venezuela

Siléncidas

De nuevo persiste el soberbio mutismo
que deja la lluvia amordazada
cuando calma sus barrenos,
y demencias.

El aguacero enérgico,
afanoso, a demasías...,
de pronto cesó
el horrible estruendo
que hacía al desplomarse sobre el piso,
fue así
en un trisé al improviso.

Dejando sus estelas secuenciales
silenciosas, después del aguacero
dónde hay atrición y embotamiento
en lo profuso del sosiego.

Es presentible
e insensible, porque acaricia las luces del día
a sus caprichos
sin apegos,
pero
hay algo que habla con agudeza del urdido
e intrincado,
sus aguajes, y vienen a ser
bocanadas de aire,
en el silencio
y umbrío, me apesumbro
al saberme envuelto entre siléncidas
fascinantes de lloviznas
...,sin paciencias.-

Querrién ® © Caracas-Venezuela 2006
poetaxi
Pintura tomada de Óleos de anglemos

Maria Rosa Perea, de Argentina

Maria Rosa Perea

Argentina, residente en Buenos Aires. Poeta y haijin. Ha participado en varias Antologías de Poetas Argentinos y Latinoamericanos, y certámenes literarios. Actualmente publica en varias revistas literarias electrónicas.


Una mujer

Una mujer
medita
sutilezas de la vida.

Litiga contra el legado
de su historia.

Por un destino digno
llora hoy
su propia trampa.

Una mujer.
Sublevase al temor
de la herida primera.

Y se inscribe en la vida
simplemente con lealtad...

En el abrazo
esfuma su huella al viento.
Libera su alma.
Frente al espejo desenvuelve
palmo a palmo su tiempo.

Concede al olvido
la ofrenda de fulgores pasados.

¡Y tolera un nuevo abrazo!

Celebra su presencia de pié,
y la esencia de su ser
late, vibra,
crea...

Rompe el silencio de su tiempo,
comprende,
vive.

Mueve el aire en su respiro
transpira
y ama.

¡Una mujer!

Poetas Argentinos Contemporáneos
Argenta, 1996
Buenos Aires


Ocasional                                                      

Como el viento... 
Como el arco iris... 
Como el leve aliento sobre el espejo...

 
En algún lugar, 
en mitad del tiempo 
un cuenco de cristal se ha ido de mi mano. 
 

Como una barca entre las olas...

A la deriva mucho tiempo estuvo, 
en el silencio,  
escondido. 
 
Y hoy,,,

entre los dedos, 
el agua se ha escurrido...

 
¡O alguna otra me lo ha hurtado!




 

Para vos…

Si decides  partir,
HOY es la ruta.
No detengas tu viaje.
El horizonte
ya no es abismo.

¡Respira!..

Nada de lo que digo
queda en mis manos.

Sopla el viento libre
de lo que fue y vendrá.
Inmenso es el universo
cuando contiene
cielo y eternidad.



  
¡Si conociese otra historia!..

  
En el juego de mi memoria 
la soledad ya tuvo alas 
y fue pájaro, 
jugueteando entre las ramas 
de un nogal ausente. 
 
Sin sombras 
en el reloj la arena se escurre 
ausente de ansiedad. 
 
¿Será un espejismo 
esas hojas sobre el cristal?


Para mí... son cometas 
zumbando entre las nubes, 
disipando recuerdos 
en espirales de fuego. 
Luciérnagas encendidas 
en su propio vuelo. 
   
¡Mira!.. 
Sólo quedan estelas en el cielo. 
 
Asoma dulzura en el camino largo 
Destrozan inquietudes... 
¿Sabrán los ángeles 
de soledades escondidas? 
 
Respiro... 
y me entretengo soñando. 
 
¡Vuelo el canto que vivo! 
 
He besado semillas y violetas, 
mariposas en sus labios... 
 
Y si conociese otra historia ¿qué? 
 
¿Acaso no es bastante un instante 
de tonta ingenuidad? 
 
Fugaz y mutable. 
 
¡Si hasta la nieve al caer 
entre chopos blancos disimula 
su soledad sin mancha!    

 


Virgilio, de Uruguay

Usted

Usted esta sentado ahí

Mirando como un simple espectador

La vida que camina

Usted se puede emocionar o no

De las cosas que pasan diariamente

La guerra en el oriente

El hambre que afecta a los latinos

Crímenes atentados desatinos

Que pasan por doquier y por esa ventana

Tan pequeña que es centro de atención

De todo el mundo
 

y de usted
Que esta sentado ahí

Mirando la humanidad que se destruye

Primera fila, su cómodo sillón y su egoísmo

El día va a llegar, no tenga dudas !!

Que todos los desastres de esta tierra

Van a dejar de ser película y que la guerra

Esa guerra que usted no le molesta

Va a venir a tocarle el timbre de su puerta

Y le va a premiar su indiferencia con el premio mayor

Su propia muerte (Pintura de Salvador Dalí)

Quiero

No quiero ser costumbre
Una cosa un mueble una mascota
algo que esta ahí
para producir nada más que tibios sentimientos
quiero ser huracán, así como esos vientos 
que sacuden los árboles  
desde la copa a la raíz
para dejarlos temblando estremecidos
quiero ser trueno y relámpago, luz, sonido
y después ser calma 
donde siempre puedas encontrar abrigo
Quiero que al despertarte 
Busques mi cuerpo con tu mano
Para asegurarte que estoy ahí
Que no fui sueño de la noche ida 
Y que me extrañes cuando yo no este
Como al calor del sol, las tardes frías 
Yo no quiero ser tan solo buen amigo
Quiero ser pan para tu hambre 
El agua de tu sed y de tu corazón... ser el latido!

             Fiebre

                                                    Yo siento que mi amor

Brota de mi alma

Pero te miro

Y entonces la sangre

se levanta

Como lanza

Pronta a combatir

Buscando eternidades

escondidas

desafiando a la muerte

Para engendrar la vida

Y quiero hundirme en ti 

Alancearte una y mil veces

Fundirme con tu carne

Buscando con ardor

mi propia muerte

No con rabia asesina

Que la pasión también

Tiene  ternura

Pero con fuerza, con estas ansias

De vaciarme de toda

Esta sangre amontonada

Que late enloquecida

Aquí en mis sienes

En mi entraña

Lo mismo que el volcán

Que eructa lava

Y renacer después

Como una estrella

Fulgorosa y nueva

Para besarte ahora

despacio

suavemente

calmada ya esta fiebre

que devora

(Pinturas de Salvador Dalí)